Empleadotopía S.A. de C.V.

David Yaurima Parra.

I

Soy el desempleado 3,562,988 en este país. Sé que no soy el primero, ni el último,
pero estúpidamente me siento especial, aun así me he puesto un número para no
sentirme sólo. Soy mi propio jefe en lo que mejor hago: buscar chamba. Después de todo,
ese es el trabajo de los que no tienen empleo. Mis padres me inculcaron que siempre
fuera el mejor en lo que sea que la naturaleza me diera para sobresalir, vaya que he
sobre salido una y otra vez de casa. Han sido intentos maduros de independizarme
acosta de mis progenitores, es decir, vivir lejos de ellos pero sin dejar de sentir el cobijo
paternal de su dinero y su comida llenando mi alacena improvisada de cartones de
cerveza por la que nunca regresé por el importe, ahora lo lamento.

Cada mañana leo periódicos, tacho clasificados, relleno solicitudes, asisto a
entrevistas laborales, hago fila devotamente en el sindicato, es casi un ritual donde al final
te dicen: no han solicitado todavía, vuelva mañana. Sonríen para protegerse mientras ven
el momento en tus ojos cuando se quiebra la esperanza, pero yo sonrío psicópatamente
para que se graben mi rostro hasta que me sueñen y entonces hagan todo lo posible por
ya no verme por sus oficinas consiguiéndome un empleo, uno bueno para que no regrese.
Aun así, este éxodo post universitario es una rutina azarosa, uno vive esperando
encontrar por casualidad todo lo que sueña: la pareja, la casa, el vehículo y el trabajo de
sus sueños. Pero en el estricto orden de las cosas, es difícil conseguir un auto, un
departamento y una chica, si no se tiene un empleo. Por supuesto que hay excepciones
pero no es mi caso, hay quienes tenemos que escarbar un poco más profundo para
encontrar agua, el hoyo que he cavado podría ser mi casa y en la más dramática de las
circunstancias, mi tumba.

II

SI NO SONRÍE DE VEZ EN CUANDO NO ESPERE QUE LA SUERTE LE
SONRÍA, decía una frase en la calca trasera de un auto, fue muy motivador pero no tanto
como leer en un letrero a dos tintas con diseño discreto, en la puerta de un edificio:

¡GANE DINERO POR HACER NADA!


El sentido común y la racionalidad serían suficientes para pensar que se trataba de
una broma, pasarlo por alto y seguir mi camino. Pero mi curiosidad kamikaze y la
esperanza de haber encontrado el empleo de mis sueños me hicieron subir cinco pisos,
rellenar un formulario con cuatro preguntas: ¿Quién es? ¿De dónde viene? ¿Qué hace
aquí? ¿A dónde quiere llegar? Debí andar inspirado ese día porque les gustó todo lo que
respondí, me contrataron de inmediato. Antes de preguntarlo ya me habían explicado de
cuánto, cuándo, dónde, cómo y qué, estábamos hablando: $1000 diarios… mañana
mismo… en estas oficinas… camisa y corbata… hará absolutamente nada.

Ahí estaba puntual, reestrenando ropa, sonriente como decía la calca en la parte
trasera del vehículo. Una señorita con aires de princesa ejecutiva me llamó desde una
puerta indicando que pasara. Me tomaron un par de fotos, en un instante me dieron un
gafete con mi imagen impresa, la emoción indisimulable en el rostro y mi nombre en
negritas
con el cual automáticamente me sentí parte de la empresa. Caminamos por un
pasillo con varias puertas, casi a la mitad nos detuvimos para que me mostraran la que
ahora sería mi oficina. No tenía ventanas pero la lámpara de techo en el centro de la
habitación la iluminaba muy bien, la temperatura era muy fresca, tenía una silla reclinable
con ruedas y era todo. Como se trataba de hacer nada no necesitaba un escritorio,
archiveros, papeles, teléfono, ni basurero, mucho menos computadora o impresora, ni
mesas, carpetas, cajas, plumas o lápices, no había nada, sólo una silla la cual era
opcional, si me estorbaba podrían llevársela me dijo amablemente la señorita de nombre
Alicia. También me comentó que no había cursos de capacitación, ni manuales de
inducción al puesto que estaba desempeñando dado que sólo tenía que hacer nada. Me
explicaron que eran muy estrictos y que si me atrapaban haciendo algo sería acreedor a
una llamada de atención, con tres acumuladas sería sancionado con un día de sueldo. No
tenía seguro, dado que el riesgo laboral haciendo nada era de cero, aun así me daban la
opción de contratarlo. Oficialmente mi turno empezaba a las 8am y terminaba a las 8pm.
Con muchas preguntas pero sin el valor para expresarlas, pensé que quizá después
serían una excusa para buscar a la Srita. Alicia, quien se retiró dejando un sutil rastro de
perfume en tonos dulces y frutales. Con toda esa emoción contenida intenté aclimatarme
lo más pronto a mi empleo.

Me senté en el único mueble de oficina que tenía, di una vista de 360° grados a la habitación
un par de veces, al poco tiempo empecé a mecerme. Noté que una de las
ruedas no funcionaba bien e intenté desatascarla. No tenía herramientas así que, entre
golpecitos y haciendo presión, lo conseguí. Con mi silla reparada ahora podía dar de
vueltas por la habitación empujándome con las paredes y el piso. Más tarde encontré en
mis bolsillos un pedazo de tela que usaba para limpiar mis lentes, lo observé como nunca
lo había hecho con algo: su textura, sus fibras, su color, su olor, su tamaño, alguna vez
fue una gran tela, y ahora sólo era un pedazo limpión, me hizo reflexionar mucho acerca
de la vida. No había reloj para evitar que nos distrajéramos viendo la hora cada cinco
minutos mientras hacíamos nada. Cuando fuera la hora de comer una persona pasaría a
dejarnos comida en platos desechables para lo cual teníamos 45 minutos para consumirla
pero no podíamos abandonar el puesto de trabajo, eso no era mayor problema para mí. El
día transcurrió relativamente lento pero tranquilo y no podía decir que estaba exhausto,
realmente había hecho nada todo el día, justo como me dijeron. Pero resultó que había
acumulado tres faltas: una por reparar la rueda de mi silla de oficina, otra por pasearme
con la misma silla por toda la habitación 278 veces, la última por haberme distraído
mirando mi pedazo de tela durante una hora con veintitrés minutos, por lo tanto se me
descontaba un día de sueldo en mi primer día de trabajo. Mal inicio.

Había fallado en mi debut laboral, eso me hacía sentir consternado, incomodo,
confundido… si no soy bueno para nada ¿entonces qué me queda? Tal vez debía ser
más atento o menos distraído. De todos modos mañana tendría otra oportunidad de
demostrar mi nivel de compromiso con el puesto y la empresa, eso he leído que les gusta
mucho. Me dormí enfocado en todo aquello.

III

Desperté con todas las ganas de hacer nada y sobre salir en mi nuevo empleo.
Entré apenado a la recepción, pero la Srita. Alicia me recibió con amable formalidad, le
sonreí y hasta bromeé un poco, pero no pude sacarle ninguna sonrisa. Mi oficina estaba
como la dejé, la silla en la esquina a la derecha, del mismo lado de la puerta. El feng shui
es tan sencillo cuando sólo tienes un mueble que acomodar, la energía fluye por la
habitación hasta dos o tres veces antes de salir por el ducto de aire acondicionado . Me
gusta pensarlo así. Esta vez me aseguré de vaciar mis bolsillos en el casillero donde
guardo mis pertenencias. Esperaba no distraerme, y así ocurrió la primera hora, hasta que
sentí la malévola tentación de desplazarme con la silla pero noté que la rueda estaba
atascada otra vez. Es lo mejor, no quiero más amonestaciones, ni descuentos a mi
salario. Sé que hay más gente trabajando aquí porque me los he topado en la entrada,
checando su hora de llegada. Pero ninguno habla porque siempre tienen prisa de estar a
tiempo en su puesto. Llegar tarde también es algo que se amonesta. Tal vez más
adelante cuando haya confianza podré platicar con alguna compañera o compañero.

Esto de tener un empleo nuevo a cualquiera puede producirle ansiedad, me han
sancionado por haber movido mi pierna aceleradamente 12,578 veces antes de la hora de
salida. De acuerdo a mi contrato, debo hacer nada, eso excluye mover la pierna izquierda
y/o derecha, tantas veces, de manera innecesaria (Sis). No se me descontará el día de
salario porque fuera de ese involuntario hecho, cumplí con mi trabajo.

IV

Día seis en la empresa. La Srita. Alicia sigue renuente a regresarme la sonrisa,
sella mi hoja de asistencia y su mirada se fija en el siguiente en la fila. Mi oficina luce tan
limpia que me han dado ganas de acostarme en el piso para hacer nada desde ahí, pero
temo que eso esté prohibido. Debí preguntar más acerca de lo que puedo y no hacer,
aunque para ellos está claro que hay que hacer nada. No es tan fácil después de todo, no
si se ponen así de estrictos, pero me pagan por esto. No creí decirlo y mucho menos
hacerlo, pero necesitaré capacitarme para hacer mejor mi trabajo, dado que ellos no
ofrecen ningún manual o curso de inducción de cómo hacer nada, he tenido que buscar
en la web en mis tiempos libres y conseguir dos o tres libros. Algunos puntos interesantes
a practicar es poner la mente en blanco, eso debe ser fácil ya que de ese color son las
paredes de mi oficina y no hay nada que las adorne. Regular la respiración para mantener
el autocontrol, adiestrar el pensamiento para mantener la concentración al máximo,
controlar emociones para evitar ser presa de la ansiedad y aburrimiento, pronunciar
mantras para evocar la armonía, la paz interior. Como bien lo ha mencionado el Maestro
Bruce Lee:

Vacía tu mente, quédate sin forma, sin ninguna figura, como el agua. Si pones
agua en una taza se convierte en la taza, si pones agua en una botella, se convierte en la
botella si la pones en una tetera, se convierte en una tetera, el agua puede fluir o puede
golpear… se agua mi amigo.

Si debo convertirme en una oficina vacía, lo haré. En fin, no estoy dispuesto a
dejar ir el trabajo de mis sueños por el simple hecho de no saber hacer nada.

V

No dejo de sonreírle a la Srita. Alicia cada mañana al llegar, y por las noches, al
salir. Erróneamente he buscado un signo de simpatía en el sitio incorrecto, su boca se
mantiene inmóvil pero he notado que me sonríe con la mirada, tal vez ella tiene prohibido
interactuar con los empleados, no me sorprendería. Han transcurrido doce días, casi es
quincena, y ya saboreo mi cheque… menos un día de paga. He aprendido a permanecer
sentado en mi silla, inmóvil, no con la mente en blanco porque psíquicamente estoy tan
hiperactivo que acabo muy fatigado. Reproduzco mi propia voz en mis pensamientos así
que puedo hablar, decir, cantar, gritar, pensar y hacer todo lo que quiera mientras mi
cuerpo no exprese otra cosa que hacer nada. Siempre se dan cuenta cuando te distraes o
empiezas a bajar en tu rendimiento. He buscado alguna cámara oculta en la oficina, como
es de esperarse, me sancionaron por distraerme viendo a las esquinas, el techo y entre
los ductos de ventilación, tenía que hacerlo.

A un día de que llegara la quincena, mientras estaba aparentando hacer nada, me
concentré tanto que me quedé dormido, no se por cuánto tiempo, pero desperté
confundido, con el estrés de darme cuenta que no estaba en casa. Así fue, por lo que
acumulé mis tres amonestaciones y se me sancionó con otro día descontado de mi
sueldo.

VI

Tras sobrevivir a mi primera quincena en el empleo de mis sueños, trece mil pesos
más rico que al principio, pienso trabajar un par de meses y después renunciar. Es
contradictorio porque siendo tan bien pagado por hacer nada, no hay porque abandonar el
empleo, el problema es que la mayor parte del tiempo la paso en la oficina, la otra mitad
duerno un promedio de seis a ocho horas, no me queda mucho para socializar, salir,
malgastar mi dinero, contarles a todos de mi nuevo trabajo aunque no me crean o piensen
que es algo degradante, quizá poco constructivo. Cada día parece ser más fatigante y
largo que el anterior. Sólo podemos ir al baño un número contado de veces, ellos nos
proporcionan el agua, tienen medida nuestra actividad, saben cuánto y cuándo podemos
orinar en promedio, así evitamos perder el tiempo o interrumpir nuestro trabajo muy
seguido. Si la oficina es austera, por así decirlo, el baño es un cuarto vacío a otra
dimensión: el piso es cóncavo con un hueco en el centro, entiéndase que por ahí se va
cuanto deshecho el cuerpo saca, al terminar, tenemos treinta segundos para abandonar el
lugar antes de que salga un liquido azul de las orillas desinfectando todo a su paso y la
puerta se abra automáticamente. No hay forma de esconderse. Las últimas tres sanciones
que había tenido fueron por intentar leer un libro, caminar en círculos y escuchar música.
Me queda claro que esta empresa se toma todo muy enserio. Desde luego esperaba que
me pidieran algún informe mensual, reporte de productividad, una evaluación de calidad,
aunque sea mi opinión… ¿estoy haciendo nada bien o mal?

VII

Me despedí de la silla con la rueda atorada, es más la ansiedad que me produce
estar sentado en ella con su llanta atascada, sin poder dormirme o deslizarme, no
necesito más problemas. Además, he pasado tanto tiempo ahí que la aborrezco, es
cómoda, pero he sentido como si cada día me fusionara un poco más con ella. Ahora me
siento en el piso, me lo permiten ya que no tengo donde más hacerlo, pero jamás, ni por
error, puedo posar mi espalda o recostarme. Así transcurren mis días, pensando en no
pensar, por mil pesos diarios. Ya no parece tanto el trabajo de mis sueños. Pero todavía
puedo aguantar más y usar todo ese tiempo libre en hacer nada para planear mi vida,
ahora tenía claro que no quería esto. Renunciar era regresar a donde empecé, quizá con
un poco más de dinero ahorrado, pero volvía al punto muerto de mi, poco sexy, estatus de
desempleado.

VIII

En toda la construcción de mis planes tenía una larga lista de puntos a favor del
por qué abandonar el empleo, estructuré toda una serie de argumentos para justificar mi
irrevocable renuncia, sin embargo había ciertas variables que no consideré, como por
ejemplo: que el día que planeaba entregar mi carta de motivos para dejar la empresa, la
Srita. Alicia no sólo me regresara la sonrisa, sino que además me entregara una nota muy
discretamente y me susurrara al oído: por favor, no digas nada, nos vemos después. No
hice más preguntas y me retiré a mi oficina. El papel tenía escritos su número de celular,
una dirección y una hora. Mi renuncia podría esperar un par de días más. Otra vez esa
curiosidad mal tripulada me meterá en problemas pero sólo hay una forma de saber si
vale o no la pena, dejarme llevar por este giro inesperado podría decírmelo.

Después del trabajo, me dirigí al lugar de la dirección del papel; un restaurant
elegante pero muy discreto. Llegué unos minutos antes de la hora indicada y ella ya
estaba ahí. Volví a disfrutar de su sonrisa por segunda vez en el día cuando notó que me
acercaba a su mesa. Apenas el mesero tomó nuestra orden y se retiró, Alicia sacó dos
pesadas carpetas de su bolsa y algunos discos compactos rotulados. Sobre la mesa
empezó a esparcir toda clase de documentos: protocolos, contratos, fotos, archivos,
notas… antes de poder preguntar sobre que se trataba el asunto, me susurró con su
peculiar aura de misterio: Necesitamos denunciar y detener esto.

Escuché toda la explicación detallada de lo que estaba presentándome y ojeé
todos los papeles. La empresa para la que laboramos se trata de un Laboratorio de
Desarrollo y Programación de Recursos Humanos. Las empresas nacionales e
internacionales destinan un gran presupuesto para la formación, adiestramiento y
capacitación de sus empleados, para lo cual existe un proceso de selección en el que no
siempre es posible tener todos los filtros o no son detectadas algunas variables de
temperamento y actitudes que pueden producir pérdidas potenciales para la empresa,
desde contratar a gente perezosa, irresponsable, hasta los predispuestos a generar
conflictos como diferencias interpersonales, huelgas o rebeliones. Por eso se creó una
empresa encargada de transformar a casi cualquier persona en un súper-empleado ya
que la Compañía podía dar empleo a tantas personas como se lo pidieran con antelación
otras empresas o corporaciones. Así tenían empleados a la carta, con el perfil más
adecuado para cumplir determinadas funciones, muchas veces sin alguna relación con la
carrera o profesión que habían estudiado, a bajo costo, con ahorros a largo plazo por la
diversidad de tareas que podrían ejecutar. Todo era realizado en centros de
adiestramiento para empleados que reclutaban a personas por medio de anuncios de
trabajos bien pagados por hacer nada, después de ser evaluado parcialmente el potencial
de programación mental, el sujeto seleccionado es sometido a un programa dividido por
Etapas de formación que consisten, de acuerdo al documento en:

1) Anulación del deseo de hacer nada
2) Anulación de complejos de distracción
3) Incremento de sentido de responsabilidad
4) Incremento del sentido de lealtad a la empresa
5) …

Ahora entendía el porqué de la escueta entrevista, la minimalista oficina, la rueda
de la silla atascada… apropósito, la vigilancia constante para detectar nuestros momentos
de distracción. La lista incluía otros veintiún puntos más en los que prácticamente le
arrebataban, sistemáticamente: la identidad, voluntad, sueños y la vida a cada persona
que ingresaba creyendo que tendría un empleo cuando en realidad estaba recibiendo un
sueldo por ser observado, estudiado y moldeado de acuerdo a necesidades de terceros.
Eso explica porque sentía escalofríos las primeras veces que salía a buscar empleo, uno
nunca sabe con quién va empeñar su alma a cambio de dinero para vivir, así funciona
esto para la mayoría.


Le conté mi plan de renunciar, de irme a buscar otras oportunidades acordes a mi
formación, aptitudes y gustos, pero me interrumpió mencionando una serie de problemas
que tendría para abandonar el puesto que se me había asignado. Las letras pequeñas del
contrato que había firmado me obligaban a cumplir un periodo de tiempo con serías
consecuencias si decidía abandonar la empresa. Por otro lado, estando fuera no podría
hacer mucho para ayudarle a desenmascarar el evidente abuso y fraude de la compañía.
No queriendo dejar ningún momento para la duda, sacó una última carpeta que contenía
un borrador del plan a seguir. Lo leí detenidamente, las acciones que me correspondían
consistían en recabar la mayor cantidad de evidencia posible: Fotos, videos, audios,
archivos. Incluso debía empezar a escribir una bitácora para dejar registro de lo más
relevante que pasara. Tendría que empezar desde el porqué llegué a la empresa y como
fui seleccionado. En algún momento esto podría ser una buena evidencia, ella escribía el
suyo desde hacía más de seis meses, aunque tenía casi dos años trabajando. Yo no tuve
más remedio que iniciar con mi propia historia y heme aquí narrando.

IX

Todo marchó de acuerdo al plan durante las primeras semanas. Nos reuníamos
después del trabajo para hablar de avances, analizar pruebas y planear. Si todo salía
bien, si juntamos la cantidad de pruebas suficientes, en cuatro meses podríamos realizar
una denuncia pública y ante autoridades competentes para que se inicie un proceso de
investigación más profundo acerca de sus intensiones, organización, métodos, situación
laboral de sus trabajadores, etcétera. Empezaba la cuenta regresiva de treinta días para
la primer parte del plan que consistía en sumar a algunos compañeros a la causa, pero
sin ser detectados por los jefes o los supervisores, lo cual constituía una parte delicada,
ser descubiertos y despedidos antes de tiempo echaría todo abajo. En nuestra última
reunión, un viernes, nos habíamos dicho mutuamente lo afortunados que éramos de
habernos encontrado. Nos dimos un abrazo de gratitud al despedirnos, ella por la
incondicional ayuda que le brindaba, y yo por el atrevimiento de haber confiado en mí. El
lunes Alicia no apareció por la empresa.

Tenía cinco días acudiendo al restaurant donde nos reuníamos para preguntar a
los meseros si la habían visto, intenté llamarla varias veces pero su celular estaba fuera
de servicio. El sexto día, me dijeron que había pasado en la mañana por un café y me
dejó una nota de despedida donde daba como, única e inconclusa, explicación que había
sido removida de su puesto
. Si aguanté seguir esas largas horas de hacer nada,
escuchando mis propios pensamientos durante más días, aún sabiendo de todo lo que se
trataba, era por ella. No es que estuviera enamorado, pero le daba un nuevo rumbo a mi
incierta existencia, eso a cualquiera lo excita. No miento cuando digo que en último lugar
había colocado las motivaciones sexo-amorosas para seguir apoyándola. Aun así
esperaba obtener cierta recompensa, por ejemplo; que se me asignara un puesto acorde
a mi formación, hacer todo lo que aprendí, obtener experiencia en mi área, desarrollar
nuevas aptitudes, en vez de sólo volver evidente a mi propia conciencia que soy
prisionero de mi mismo, en esos tantos momentos de iluminación que inevitablemente
llegan a mi cuando más concentrado y comprometido me encuentro haciendo nada.

Además de tener que adaptarme al hecho de ya no verla por la empresa. Hubo
más cambios de tipo administrativo y de operatividad: Los mejores empleados fueron
reasignados a nuevos puestos de mayor rango, con mayores responsabilidades, cierto
grado de beneficios adicionales, menos horas laborales y por supuesto, menor paga, pero
eso a nadie le importa, todos están escalando. En un sobre que amablemente deslizaron
bajo la puerta de mi oficina me hicieron llegar mi notificación de promoción a otro puesto
en la empresa. Enlistaban la nueva serie de beneficios y mi nuevo disminuido sueldo.

Mi trabajo ahora consistía en sellar las tarjetas de llegada y salida de todos los
empleados, además dar informes, ubicar a los recién llegados, resolver sus dudas, tal
como lo hacía Alicia. Aun confundido por el repentino distanciamiento con ella, pensé en
continuar con el plan, asumiendo con total orgullo y compromiso mi nuevo puesto, pero
observando alerta con la mente trabajando en un golpe maestro. A veces imaginaba que
alguien nos había escuchado ese día en el restaurant mientras conspirábamos, a causa
de eso la habían despedido o secuestrado. La única prueba de su existencia era una nota
que pudo escribir cualquiera. Al no haber nadie que pudiera dar referencias de ella,
prácticamente podría considerarse desparecida. Si todo eso tenía relación resultando
verdad, probablemente alguien no quería que siguiéramos investigando, porque
seguramente debe haber algo muy grande detrás de todo esto. Entonces Alicia era una
especie de mártir y yo, un luchador de la causa que aún quedaba en pie, el que debía
asumir el liderazgo para continuar con el trabajo que esa valerosa mujer confió en mí.
Posiblemente esto le había costado el trabajo, quizá la vida.

X

Cada día veía a los más de 1400 empleados de esta empresa, durante once
segundos, dos veces al día. En total tenía veintidós segundos insuficientes para empezar
a informar a todos de la gran farsa de la que se trataba todo este empleo. Sabía que
habría serías repercusiones en cuanto se enteraran los jefes pero había pasado de querer
ser su mejor empleado a causa oficial de su dolor de cabeza con tal de desenmascarar el
proceso al que cada uno estaba siendo sometido. Una empresa que experimenta con
humanos para vender por volumen a otras empresas, no los empaquetaban porque sería
más que obvio. Todo lo fui revelando paulatinamente en improvisados volantes que
entregaba a cada empleado al salir del trabajo, con la información resumida junto con los
links de las páginas donde había subido las evidencias. Consecuentemente el número de
compañeros que congeniaban con la causa aumento de manera interesante. Nos
empezamos a reunir, primero en bares, después en las casas de cada uno de los
miembros, una vez por semana, luego cada tercer día. En el trabajo sonreían con esa
aura de complicidad como de quienes saben que algo está a punto de pasar porque
nosotros haríamos que sucediera.


El inicio del golpe final, se ejecutó en lo que denominé el Día V, por la V, de
Verdad y Victoria, en el fondo agregaba Venganza por lo que sea que le hayan hecho a
Alicia, y además porque era un Viernes, un día después del pago de la quincena por
supuesto. A la hora de salida entregamos un último volante donde se exponían los puntos
violados junto con un discurso motivador para atizar el fuego de una rebelión de
profesionistas que convocaba a una toma simbólica de las instalaciones para mostrar
nuestra unión y descontento, todo para el día lunes: el Día L… por Libertad, aunque no
era precisamente lo que pedíamos, fue a sugerencia del grupo.

XI

Ahí estábamos, diecisiete personas para ser exactos, a la primera hora del Día L,
cargando de a tres letreros en cada mano porque nos sobraban pancartas, pero no nos
faltaba determinación. Ni si quiera cuando vimos como muchos de nuestros propios
compañeros de conspiración pasaban de largo de nuestra línea de protesta, agachando la
mirada o mirándonos como si nunca hubiéramos entrado a su casa a planear lo que ya se
estaba viendo en ese momento. Al no haber nadie que sellara las tarjetas de llegada, la
muchedumbre empezó a conglomerarse en la entrada, entonces decidimos aprovechar
para acercarnos. Justo en el momento, una camioneta de los medios locales pasaba por
el lugar y se detuvo a grabar la singular manifestación. En una breve entrevista hablé sin
titubear, con la convicción de lucha de cualquier guerrillero de horario de oficina,
exponiendo cada punto de nuestro movimiento y denunciando las irregularidades.

Uno de los más leales compañeros leyó con cierta dificultad, un discurso que
había escrito para la ocasión. La multitud escuchó, aplaudió o abucheó, la mayoría de las
veces sin otra cosa más que hacer que participar del mitin. Algunos empezaban a
quejarse por las repercusiones que tendrían por haber llegado tarde o participado en todo
esto. Pasado el tiempo acordado para nuestra protesta, inmediatamente empecé a sellar
todas las tarjetas de asistencia con ayuda del equipo y rápidamente la mancha de gente
fue absorbida por el edificio.

Casi dos horas después del acto fui llamado a las oficinas del quinto piso, a la
Jefatura de Recursos Humanos. Ahí estaban en el pasillo los otros dieciséis en fila, nadie
hablaba, sólo nos mirábamos con cierta culpabilidad. No había salido como esperábamos,
empezando por la traición cobarde de varios de nuestros compañeros a los que no había
forma de reclamar por el momento. Fueron entrando y saliendo en el orden en el que
fueron convocados, al salir nadie volteaba a ver al resto, ninguno permaneció por más de
cinco minutos en la oficina.
Finalmente llegó mi turno, decidido a defender mis argumentos a costa de las
consecuencias, entré con paso firme. Justo cuando trataba de saludar lo más
diplomáticamente posible al Jefe de Recursos Humanos, algo en mi cerebro hizo un
cortocircuito, sentí como si mi memoria quisiera reiniciarse en ese momento, había
entrado por todos mis sentidos: su aroma, su tacto, su voz, su imagen y el sabor agridulce
del encuentro al darme cuenta que era Alicia. En algún momento durante los tres meses
que dejé de verla, esperaba encontrármela para ponerla al tanto de los avances, el nuevo
plan, los recientes adeptos, contarle que ahora estaba en su área y que extrañamente
siempre la sentía cerca de mí. Quería preguntarle varias cosas y reclamarle otras más
pero primero escucharía que tenía que decir al respecto. ¿Me creerías si te digo que
estaba a punto de buscarte?
No es todo lo que esperaba oír, lo expresé con ligera
molestia que ella detectó al instante. Sonrió y tomó mi mano, pareciera que hubiera
ensayado una respuesta para el momento en el que un día nos encontráramos, su
explicación iba de lo romántico a lo absurdo al asegurar que ella continuaba en la lucha,
seguía con el mismo plan de desenmascarar el juego sucio de la empresa, yo me había
precipitado al actuar así. Ahora ella estaba en un puesto con mayores responsabilidades,
pero con más acceso a pruebas y documentos para poder dar un buen golpe, yo debía
continuar el plan como estaba originalmente, lo cual no incluía informar a todos, mucho
menos una protesta pública. Lo anterior había puesto en alerta a los altos jefes y le
pedían a ella, Supervisora de Recursos Humanos, que resolviera el asunto o despidiera a
los renuentes, así que me ofrecía un trato en el que yo dejaba de dar problemas, sería
removido a otra área de la empresa, donde obviamente no tendría contacto con ningún
empleado, podría seguir laborando con un sueldo ligeramente bajo en comparación con el
anterior pero con mejores prestaciones.

No podía despedirme, tampoco premiar mi impulsividad dada la insurrección.
Había agitado el estanque, ahora ya sabían quiénes eran los propensos a confabular
huelgas o protestas por lo que cada uno fue removido a otras empresas o áreas de
trabajo aisladas, de acuerdo al protocolo para estas situaciones. Todos tuvieron la opción
de renunciar, que significa volver al punto cero donde nadie quería estar: El Desempleo.
Por eso entendí que no tardaran ni cinco minutos en dar mi nombre como el principal
agitador. Salían como perros castigados por haberse cagado en la entrada de la casa,
con la dignidad entre las piernas, pero con un premio escondido en el hocico. Ahora yo, el
perro mayor, pero el más amado, debía ser disciplinado de alguna manera ejemplar para
poder continuar.

A pesar de haber difundido la información resumida, clara, precisa, de lo que
pasaba al interior de la empresa, de formar un grupo organizado de compañeros
empleados, planear concienzudamente cada paso y de haber entrado en acción con
determinación, sólo 16 de 1400 estaban convencidos de la causa del movimiento, aunque
ahora ya no sé bajo que enfoque lo hicieron. Al resto parecía no importarle los intereses
oscuros de la empresa, con todo y el maquiavélico mecanismo de supresión de identidad,
incluida la anulación de voluntad. El producto final eran empleados baratos, sumisos,
aparentemente felices, capacitados, competitivos, pero removibles como cualquier
consumible de oficina. Nadie hace antigüedad, es malo para la empresa, el nivel de
exigencia laboral nunca bajará su ritmo, aunque el trabajador jure lealtad de por vida, su
cuerpo le abandonará en sus funciones en algún momento y entonces no será más útil
por lo que deberá ser reemplazado.

Pareciera que el único con problemas para asimilar todo aquello era yo y al menos
en esta dimensión, tal vez tenía que aceptar que, la mayoría del tiempo, nadar
contracorriente no es igual a tener la razón y aunque algunas veces parezca tenerla, no
es suficiente para que las cosas tengan que ser cambiadas. Alicia seguía siendo
empleada pero ahora de otro nivel en el que ya no encajaba en nuestro plan, su destino
será diferente a los demás. Por lo poco que la conocía era evidente que es muy
competitiva y haría lo posible por cumplir sus metas en su nuevo puesto. Eso incluía una
cuota determinada de personal reclutado al mes, tener listo los grupos de empleados que
serían enviados a trabajar a tiendas departamentales, oficinas, fábricas, evitar que
problemas internos detuvieran la producción o pusieran en peligro la integridad moral y
social de la empresa. No era un secreto que ella obtendría muy remunerados premios, y
dinero era la razón por la que todos entrabamos a ese juego. Antes de tomar una
decisión, le pregunté a Alicia si alguna vez podríamos tener una cita, me respondió
negativamente con argumentos de profesionalidad y ética laboral que interrumpí
renunciando de manera definitiva al que fuera el empleo cínicamente soñado por la
mayoría: Ganar dinero por hacer nada.
Las razones para continuar ahí, se habían desvanecido antes de que acabara el
Día L. La última motivación que me quedaba era mi interés sexo-amoroso por Alicia. Y
aunque me diera oportunidad, había roto su imagen en mi mente, su aura de princesa
ejecutiva, más desplegada que nunca, se debilitaba ante mis ojos. Ahora sólo era una
muñeca plástica de oficina, ambos lo sabíamos. Intentó persuadirme tratando de
renegociar mi situación en la empresa, pero no había mucho más que ella pudiera ofrecer
y yo, merecer. Me dio su número nuevo de celular, yo le di el mío de siempre, por si
cambiaba de opinión cualquiera de los dos.

Sin otro asunto más que tratar, me retiré de la oficina. Bajé por última vez las
escaleras de los cinco pisos del edificio, atravesé la entrada principal donde estaba
pegado el letrero de diseño discreto solicitando personal para ganar dinero haciendo nada
y salí intentando descifrar lo que seguiría para mí. Nadie nació teniendo un empleo, por lo
tanto el desempleo es una condición natural del ser humano, así cómo andar sin ropa. No
hay que avergonzarse de no tener trabajo, pero la mayoría ve mal que uno ande por la
vida desnudo… justo como me sentía en este momento.

Una cuadra antes de llegar a casa volví a ver un vehículo con la calcomanía: SI
NO SONRÍE DE VEZ EN CUANDO NO ESPERE QUE LA SUERTE LE SONRÍA
, del cual
bajó una chica que efectivamente traía una discreta pero encantadora sonrisa como
tarjeta de presentación. Caminando muy segura de sí misma, cruzó la calle y entró en un
complejo de oficinas. Decidí acercarme para saber que hacía, probablemente ahí debía
trabajar. La vi a través del vidrio del ventanal que daba a la calle, sentada en la sala de
espera. No quería que se diera cuenta que la había seguido hasta ahí, pero ya me había
visto, para cuando pude notarlo ya era tarde, me distraje cuando vi que sobre la mesa de
centro había varias calcomanías como la que tenía pegada en su auto. Intenté darme la
vuelta disimuladamente e irme pero ya estaba muy cerca de mí. Estrechando su mano
para saludar, se presentó amigablemente y en seguida me mostró un tríptico informativo
que traía en la otra extremidad, con un título a colores encendidos y letras gigantes:

Ciertamente sonaba prometedor, pero tuve que negarme a su amable invitación a
la reunión de explicación del interesante negocio/empleo. Tomó mi mano derecha entre
las suyas, me pidió que me quedara sólo una hora, después platicaríamos que me había
parecido. Encerré sus manos dentro de las mías, junte todo el valor que tenía disponible
en ese momento y con la serenidad resignada de un caballero despechado, le dije que
acababa de terminar una relación laboral y no me sentía listo para empezar otra.

La dejé tan sonriente como la encontré, porque prometí considerarlo, me anotó su
número celular, junto al de Alicia, por si también cambiaba de opinión. Como una petición
especial, para justificar mi intromisión a sus oficinas, le pedí una calcomanía para pegarla
en mi auto, desde luego cuando tenga uno, pero eso no lo mencioné. En la calle una vez
más, caminé de regreso a casa para saborear lo que restaba de la tarde, tal vez ordenar
mi departamento, ir a pescar con los amigos, leer algún libro, salir a caminar, planear que
haré con mi vida, darme más opciones, sólo sé que no quiero hacer nada durante un largo
tiempo.


Música:
Acido criollo – mi suerte, Glup! – Puta Jefe, Ska-p – El Vals Del Obrero, Mano Negra – La vida

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